La tierra silenciada

10/12/2013

Cuentan las sabias lenguas que cuando Manuel Azaña supo que la Guerra Civil estaba a la vuelta de la esquina echó el exabrupto más exacto sobre la elocuencia íbera. En una sala repleta de ilustres y no tan ilustres personalidades interpuso que “si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar”.

De aquellos barros, estos lodos. La gente habla de lo que le rota y así nos luce el pelo. Hace poco menos de doce horas se ha despedido en el estadio sudafricano de Soccer City a Nelson Mandela, una persona que, lejos ya de ser infinitamente admirable ha sido, además, el personaje más destacado de este último cuarto de siglo. Y es que este tío fue capaz de poner de ministros a los mismos racistas que lo condenaron a prisión. Una bofetada de una calidad humana tan grande que hace que a un europeo se le atragante prácticamente cualquier cosa.

No voy a hablar de la cantidad de hipócritas que llenaban la tribuna asignada a los líderes mundiales, me centraré simplemente en nuestra parte del pastel porque creo que ya tenemos suficiente con ellos. Ni siquiera del ilustre Premio Nobel dando lecciones de humanidad en un estadio donde se necesitan dos manos para contar los dictadores que ocupan un asiento. Hablaré de nuestros representantes. Supongo que, en un alarde de celeridad y avispamiento, el Gobierno de España decidió mandar allí, en representación de todos los españoles, a alguien con una alma mandelariana, alguien que representara esos mismos sentimientos encontrados que tan bien supo comunicar a su pueblo Tata Madiba. Así que decidieron, sin margen de duda, enviar por jet privado al Príncipe de Asturias, al presidente de este curioso país y a todos esos coleguis-y-asesores que nadie conoce. Me imagino que los asesores estaban allí por si a Rajoy le daba por decir alguna bobada de las suyas, o quizás justamente para que la dijera. La cuestión es que como era normal la ha dicho y ya está, nos ha llamado tontos desde Sudáfrica y ahora vuelve aquí a seguir mandando sobre nuestra vidas. El tontico nos llama tonticos y vuelve a España a gobernar a esos mismos tonticos, esa sería la crónica de su espectacular speech en tierras africanas. Aún así la presencia más llamativa es la del Príncipe de Gerona, Príncipe de Viana, Duque de Montblanc, Conde de Cervera y Señor de Balaguer. Es decir: nuestro principito. Un principito hijo de un rey impuesto por un dictador al cuál la palabra república le rima con anticonstitucional. No seré tan malo como para decir que, además de gilipollas es un idiota, a fin de cuentas sería mentira, las señoras que leen el Pronto diariamente dicen que es muy majo. No lo conocen, pero es muy majo. Una persona ejemplar. Saluda a los periodistas y sonríe y todo el tío.

Siendo sinceros tenemos lo que nos merecemos. España no es gobernada por un gobernante desde hace más de siglo y medio. Tenemos políticos nefastos. Y tenemos reyes ausentes. Tenemos idiotas dirigiendo empresas y trabajadores lamiendo el zapato de ese mismo idiota. Aún así, el problema que tiene este país no es ese. El problema es la falta de educación, y con ellos no quiero decir maleducado. Quiero decir falta de educación. Analfabetos que mandan. Y lo peor de todo: analfabetos sin vergüenza habida ni por haber. Better leave. To somewhere else. Anywhere.

Un comentario hasta el momento

Una respuesta a “La tierra silenciada”

  1. Laia dice:

    Sergio for President!

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