Vivirás mientras te recuerden

26/09/2013

Cuando Isidro nació fue el súmmum de una situación esperada. Sus dos hermanas le recibieron con los brazos abiertos y no los cerraron hasta que no cumplió los 10 y sus amigos del cole importaban más que el plato de lentejas con chorizo que preparaba su madre. No había cumplido ni los 18 y sus amigos superaban ampliamente el número de cromos de La Liga 95-96 de Panini que, celosamente, yo llegué a coleccionar. Y así, haciendo “tengui” de amigos, seguiría hasta que no tuve más remedio que decirle adiós. Así me lo encontré cuando yo lo conocí.

A decir verdad fue él quien me conoció a mí (y no al revés). Isidro sumaba unas bonitas 18 primaveras cuando mi madre me parió. Vine al mundo y me comí de frente (y sin notarlo) el desastre de Chernobyl, la caída del muro de Berlín, la crisis de los 90 y el principio de la guerra de los Balcanes. También el Barça de Johann Cruyff, y eso sí que lo recuerdo bien. No me imagino cómo le pudo sentar a un culé ostentoso como él que antes de la final contra la Sampdoria su sobrino decidiera que era del Madrid y no del Barça. Supongo que mal. O bien, depende de como se mire. No sé si fue la presión familiar pero yo me hice merengue de cabo a rabo: dejé de ponerme la camiseta de Stoichkov y de soñar con ser Koeman para admirar a Manolo Sanchís y, poco después, idolatrar a un tal Roberto Carlos. La oportunidad esta vez se puso de mi lado y cinco años después el Real Madrid ganaría su séptima Copa de Europa, tan discutida por él.

El primer recuerdo que me viene a la mente cuando pienso en él es su barba fuerte y puntiaguda cuando me daba los dos besos de rigor al verme. Recuerdo perfectamente decirle: “pinchas” para, acto seguido, escuchar su risa. Recuerdo perfectamente también las sobadas que se metía durante las fiestas navideñas en el sofá de turno, y como iba yo a darle por saco. Su humor era contagioso y creo que hasta un tío tan seco y soso como el dinosaurio Fraga (a quién su padre / mi abuelo tanto odiaba) se hubiera partido la caja con él. De verdad, eh. Se hubiera descojonado. Las fiestas de Poblenou también ocupan un lugar relevante en mi memoria. A los treinta y poco tuvo dos hijos preciosos (Sara y Yeray) de los cuales yo tengo el honor de ser el padrino de uno de ellos: del pequeño gran hombre, el más culé de la familia Durán. Dos hijos impresionantes. El tiempo dio el acelerón propio de los diecitantos y cuando me di cuenta ya tenía los dos patitos. Mi merenguismo fue en aumento y las conversaciones futboleras así como sus regalos iban subiendo de nivel. Él me regaló el primer CD de Estopa (uno de sus grupos preferidos por no decir su grupo preferido) y también el disco Finisterra de Mago de Öz, ambos guardados en mi colección de CDs de cuando-no-existía-internet. Nos dejó su madre (mi abuela), tuvimos una boda de por medio y, por muy poco, no conoció a Lucía, la hija de su sobrina Sandra. Él estaría encantado. Con las dos. Con la madre y con la hija.

Guardo el último paquete de tabaco de liar Brookfield que nunca llegó a abrir. Y guardo también la bufanda del Real Madrid que él me regaló, patrocinada por (y esto sí que es raro) Estrella Damm. Es la única que tengo, y probablemente la única que tendré. Guardo el libro de Luís Chamizo que Pili -su mujer- me dio, un libro escrito completamente en lengua castúa (extremeña). Guardo sellos y monedas que él me fue proporcionando y que incrementaron mi querida colección.
En cierta manera me impresionó (y no me impresionó) lo abarrotada que estaba la capilla del tanatorio de Poblenou mientras sonaba El cant dels ocells de Pau Casals. Aquella noche del 7 de junio de 2011, cuando me cercioné de que nunca más le volvería a ver, me dio por pensar y llegué a una conclusión personal: cuando alguien se va vive eternamente mientras todas aquellas personas que ha conocido le guarden en su recuerdo. No mueres mientras te recuerden. Isidro, tú nunca estuviste en el cielo: eres de los que no vuelan.

 

Sin comentarios de momento

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *